La meditación en la Palabra de Dios convierte un texto en Voz de Dios. Esa práctica poderosa cambia nuestras vidas cuando atraviesa nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestras decisiones. Y solo los que perseveran en la Voz de Dios son capaces de dar frutos evidentes en su vida.