Algo mágico sucede cuando comenzamos a establecer metas en nuestra vida. Es como encontrar una dirección clara hacia dónde dirigirnos. Si lo piensas de esta manera, no es lo mismo montarte en el carro, poner el GPS, y dirigirte hacia tu destino; que tratar de adivinar cómo llegar, sin mapa, sin ruta, sin dirección.
Las metas claras y bien definidas, tienen pasos establecidos, estrategias de cómo alcanzarlas, y una fecha límite. De otra manera, estaríamos viviendo en piloto automático. Nada mal con eso. Pero si eres una persona que siente hambre de crecer, un llamado de hacer X o Y cosa en tu vida, entonces hace falta un plan para lograrlo.
Establecer metas y cumplirlas es mágico y poderoso; nos hace sentir capaces de crear y diseñar nuestra realidad exactamente como la queremos ver manifestada. Estemos conscientes o no, ahora mismo somos co-creadores de nuestra existencia. Ahora mismo, con lo que pensamos, vamos sintiéndonos de cierta manera, y tomando acciones y decisiones particulares que nos dan los resultados que tenemos en este momento.
Por resultados me refiero a tu situación de vida en particular, material y no material. Piensa en cuán feliz eres en tu hogar, en tu trabajo, en tus relaciones; eso es un resultado. Tus relaciones de por sí, son un resultado. La casa en la que vives, el carro que manejas, la cantidad de dinero que tienes, son resultados. El impacto que creas en tu comunidad, es un resultado. Tus notas en la escuela, tu carrera, el éxito de tu negocio, son resultados.
Tus resultados son producto de las acciones que tomas o que no tomas, y éstas vienen de cómo te sientes en el momento, lo cual proviene de lo que estás pensando; ya sea a nivel consciente o inconsciente. Piensa en alguno de tus resultados, el que más orgullo te cause. Viaja atrás en el tiempo y recuerda cómo comenzó; como una idea, un pensamiento, una decisión. Pues de esa manera vamos creando cada cosa en nuestra vida.
¡Así de poderosas somos! Y, ¿qué mejor que hacerlo conscientemente? Estableciendo metas para nuestra vida, pensando en donde queremos estar, y quién queremos ser al final del año, en 5, 10 y 20 años; y planificar para llegar allá. Eso no quiere decir que las cosas salgan exactamente como planificamos. En el camino nos daremos cuenta si hay que hacer ajustes; y al final del día, el proceso es lo que verdaderamente importa.
La magia de establecer metas radica en tener una dirección hacia donde ir. Tener metas, a largo, mediano y corto plazo, dividirlas en pasos que se puedan medir, y tener acciones que puedas tomar todos los días, ESE es el GPS que te llevará exactamente a tu destino. Disfrutar y aprender del proceso es lo que realmente nos permite llegar. Aferrarse al resultado, y pensar que allá (futuro) es mejor que aquí (presente) no es lo que estamos buscando.
La clave es creer que es para nosotros, que podemos lograrlo, que somos capaces de hacerlo. Y la realidad es que sí, es para nosotros. Cada una de las ideas, sueños y anhelos que tengamos en cualquier punto de nuestra vida, es exactamente en lo que deberíamos poner nuestro enfoque. Cada idea que se te presente es posible para ti. Aunque te de miedo, aunque se vea y suene difícil, aunque sientas resistencia; es lo que se supone que hagas.
Siempre digo —y no me cansaré de repetirlo— que nuestros sueños no están ahí por casualidad. Nuestros sueños son señales sagradas y divinas, que debemos perseguir. Nuestros sueños son el mapa para cumplir con nuestro propósito, para llegar a nuestro destino; y las metas son ese proceso de hacerlos realidad. Estamos aquí para revelar al mundo nuestra mejor versión; ser un ejemplo que lo que es posible.