El proceso es lo más importante, es el camino, el aprendizaje; lo que te convierte en la persona capaz. El proceso muchas veces es menospreciado; queremos el resultado rápido, sin pensar que tomará tiempo. Por ejemplo, queremos comprar una casa. Lo cual conlleva un proceso de investigación, asesoría, pre-aprobación y aprobación, construcción, ahorrar, hablar con diferentes personas, visitar la casa o el terreno, hacer inspección, arreglos, el cierre, y más.
Todo eso es parte del proceso. Quizás tarde un año o dos, pero sin el proceso no hay resultado. Muchas veces nos quitamos antes de obtener el resultado. Lo que no pensamos es que el año o dos van a pasar de igual manera, pasemos por el proceso de obtener la casa o no.
Otro ejemplo, queremos bajar 30 libras de peso, y lo queremos hacer en determinado tiempo. Lo cual conlleva un proceso de cambio de identidad, cambio de alimentación, y actividad física; que muchas veces no queremos pasar. Queremos el resultado, sin pasar por el proceso, y no funciona de esa manera. Esta mentalidad viene de pensar que allá (en el futuro) es mejor que aquí (en el presente), y queremos escapar del presente, para estar en el futuro. Lo cual tampoco funciona.
Un último ejemplo: queremos montar el negocio de nuestros sueños, y que sea exitoso. ¿Quién no? Pero el proceso de tener un negocio exitoso conlleva fracasar múltiples ocasiones, conlleva ser rechazado muchas veces, y es difícil y retante. Pero pasar por todo eso te convertirá en la persona capaz de manejar un negocio exitoso. Tomar “malas decisiones” te traerá enseñanzas que las “buenas decisiones” no. Fracasar te enseñará mucho más que ganar.
Al final del día, si siempre te encuentras “ganando” es porque no te estás arriesgando, te estás manteniendo seguro. Lo cual está bien para algunas personas. Pero para quienes nos trazamos metas, tenemos que aprender a amar, disfrutar y apreciar el proceso. Sin proceso no hay resultado. Si no estamos agradecidos durante el proceso, entonces tampoco lo estaremos cuando obtengamos el resultado.
Toda meta que nos tracemos, especialmente si es algo que nunca hemos considerado o intentado anteriormente, va a conllevar que hagamos cosas que nunca habíamos hecho, que salgamos de nuestra zona cómoda. Pero si estamos dispuestos a pasar por el proceso, y nos convencemos de que no necesariamente será fácil ni rápido —pero que podemos lograrlo— entonces ya no tendremos prisa, ni nos quitaremos cuando se ponga difícil.
Porque pasará; créeme que se pondrá difícil. Es más, se supone que sea difícil, no esperemos que sea fácil. Una vez que te traces una meta, y comiences a dirigirte hacia allá, se te presentarán todos los obstáculos mentales y no mentales. Lo interesante es poder ver esos “obstáculos” como escalones, y cada vez que sobrepases uno y otro, te estarás acercando.
Tenemos el poder de cambiar nuestras vidas, pero comienza cambiando nuestro interior, nuestra mentalidad. Primero, debemos tener bien claro nuestro porqué. La razón por la que queremos lograr esa meta. Esto nos ayudará a seguir adelante en los momentos más duros, y de más incertidumbre. Nuestro porqué debería ser uno que nos llene de energías...
Continuar leyendo en www.trabajointernoblog.com