Katherine era una niña bien feliz y alegre, amante de los chocolates y las galletas. Su mamá nos cuenta del amor y emoción que sintió desde el primer momento en que la sostuvo en sus brazos, lugar al que Katherine siempre regresaba por abrazos. A pesar de estar chiquita, tendría 2 años y 5 meses, tenía una sonrisota que le hacía el día a su mamá, tía y abuelo que vivían con ella. La recordamos para siempre por su felicidad y presencia que su familia tanto extraña.