Rodeada de animales que rescató y con una sonrisota, Luz Adriana soñaba con ser veterinaria. Luz emanaba amor y humanidad, tenía muchas amigos que la querían. Su madre recuerda la forma en la que Luz la hacía reír con sus caras de animales y las idas al cine entre semana. La describe como "cinéfila de hueso colorado" y amante de las películas románticas. Tenía hoyuelos y las manos largas, bonitas. Le gustaba arreglarse y combinar su ropa, era muy femenina. Los 19 años que Luz estuvo con nosotras, brilló con fuerza y su luz es nuestra fuerza para luchar.