Tania Olivar de la Rosa era una madre que, como muchas otras, luchaban por sacar adelante a sus hijas para que no tuvieran la misma infancia que ella. A pesar de haber sufrido la pérdida de su padre a temprana edad, Tania era alegre, trabajadora y social. Ignacia de la Rosa, su madre, recuerda la manera en la que Tania le cantaba a las chivas en el rancho y de su sueño de trabajar en Monterrey. Chata, como le decían, era alta delgada y caderona: una visión cuando montaba a caballo o andaba en moto. Conoce su historia.