Dicen que en los caminos solitarios, cuando la luna apenas se asoma, puede escucharse el galope de un caballo que no pertenece a este mundo. Algunos aseguran que es el Charro Negro, el mismísimo diablo mexicano; otros, que su espíritu viaja de cuerpo en cuerpo, condenado a repetir un pacto eterno. Pero hay algo que todos los que lo han visto comparten: una marca que no se borra, un recuerdo que arde… y el temor de volver a oír su sombrero rozando el viento. Quédate con nosotros y sorpréndete con su historia, esto es el pórtico.