Como una raya dibujada en la arena, el momento en que regresé a Praga marcó el instante en que empezó a desmoronarse mi vida.
Esas dos semanas en Karlovy Vary fueron los últimos momentos de calma. Me había alejado de una Praga libre de la sombra de Hitler, pero a mi retorno su presencia amenazaba cada rincón de la ciudad.
Empezamos a vr desfiles por la ventana de nuestro departamento; hombres en lederhosen y mujeres en faldas tradicionales que marchaban y cantaban canciones nacionalistas alemanas.