Sentado en la proa del barco con la vista perdida en el mar infinito, Severo concluyó que jamás se consolaría de la pérdida de Lynn.
No deseaba vivir sin ella. Perecer en combate era lo mejor que podía depararle el futuro: morir pronto y rápido, era todo lo que pedía.
Durante meses el amor por Lynn y su decisión de ayudarla habían ocpado su tiempo.