Fue la primera mujer intelectual que se cruzó en mi vida. Nívea con toda su inteligencia y su educación, no podía competir con mi maestra; a ella la distinguían la intuicición y la enorme generosidad de su alma, estaba adelantada en medio siglo a su tiempo, pero nunca posó de intelectual, ni siquiera en las famosas tertulias de mi abuela.