Matías estaba junto a la ventana observando la calle ensimismado; los suyos eran los únicos ojos que en ese momento no estaban clavados en ella. Lynn notó al punto la belleza viril, juventud y buena cepa de ese hombre, su ropa exquisita, su porte altivo, el mechón de pelo castaño cayendo en cudidadoso desorden sobre la frente, las manos perfectas con anillos de oro en los meñiques.