La enseñanza inconfundible del Nuevo Testamento es que sólo se tendrá misericordia de los misericordiosos. Para ser merecedores de la misericordia divina, debemos practicar la misericordia humana
• La misericordia en práctica nos libra de la amargura de corazón.
• Hay personas que viven con recuerdos del pasado, recuerdos que solo traen dolor, y es por eso que no han podido perdonar.
• Si nos ponemos a meditar detenidamente, estas bienaventuranzas nos llevan a la libertad en Cristo.