Dios no solo quiere cambiar tus circunstancias, quiere transformarte desde adentro.
La verdadera transformación no es apariencia, es renovación de mente, corazón e identidad.
No grita, no se exhibe... pero se sostiene y se nota con el tiempo.
Reto del día:
Pídele a Dios una transformación real, aunque te incomode.