Amar a Dios, no es un asunto de sentimientos y palabras pomposas de nuestros labios; Sino de someter nuestra voluntad, para vivir conforme a Su Palabra; tener nuestros sentimientos y deseos enfocados, en conocer Su Palabra; y poner al servicio nuestra mente, para grabar Su Palabra en nuestro corazón y así poder cumplirla.