Primer cuento, titulado La foto.
Recién llegado a la casa, el Negrito olfateó todo: puertas, pisos, muebles.
Cuando se acercó al sofá, le saltó encima sin dudarlo. Nuestras risas le permitieron quedarse ahí.
Corrí a buscar el teléfono para tomarle su primera foto.
Desbloqueé la pantalla y me encontré con una imagen de él lamiéndome la cara. Parecía feliz, y yo sonreía también.
¿Cómo era posible? ¡Si eso nunca había sucedido! Me quedé helada.
Ojalá hubiera sabido que tenía un artefacto mágico que sacaba fotos a futuro.
Fascinada, pasé las imágenes una tras otra. Instantáneas del perro, de mi marido, de un almuerzo juntos, de un paseo por el parque, de un viaje de vacaciones. Todos momentos felices que nos esperan, pensé.
Hasta que Negrito se aburrió de que no le diera bolilla y me saltó con todas las fuerzas. Sus patas me golpearon en las manos, y el teléfono mágico voló lejos.
Hubiera preferido no mirar aquella última foto en la pantalla partida.