Mala suerte
Si rompés un espejo vas a tener siete años de mala suerte. Así dicen. Pero nadie sabe en realidad lo que es la mala suerte. Nadie lo sabe tanto como yo. Yo, que desde chiquito me discriminaron por ser negro. Y me separaron de mis padres cuando tenía menos de dos meses de vida. No me olvidaré jamás cómo me metieron a la jaula. Encerrado así me llevaron a un viaje sin retorno. Cuando supuestamente llegué a destino, nadie me dio la bienvenida, sino todo lo contrario: fui amenazado brutalmente. Toda mi piel se erizó ante la amenaza de otro macho más grande que yo, mucho más grande. Algunas personas me quisieron agarrar, pero arañé a todo aquel que se me acercara, pues no sabía en quién podía confiar, me habían hecho mucho daño las personas. Finalmente me dejaron encerrado en una casa antigua junto con una gata arisca que me atacaba cada vez que podía. Así nos tratan a los gatos negros, sólo por ser negros. Por eso, ya no me importan los siete años de mala suerte que me tocan por haber roto el espejo.