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No debe estar pospuesta indefinidamente la decisión de explotar la riqueza aurífera de la provincia de San Juan.

Sería irracional seguir indiferentes, y en medio de la pobreza de siempre, mirando sin reaccionar los suelos que contienen casi tres millones de onzas del precioso metal.

Establecer si conviene hacer provecho o no de la excepcional reserva confiere máxima importancia a un estudio de impacto ambiental que se ha quedado en mera intención.

La voluntad del Gobierno está del lado de acogerse al parecer de los sanjuaneros, libremente expresada en alguna encuesta confiable y de amplio espectro, preferiblemente después que expertos al servicio de la nación, no de intereses particulares, establezcan que las técnicas de extracción del oro disponible o en oferta serían amigables con los humanos y la naturaleza, vista en todos sus valiosos aspectos.

Aun cuando exista el propósito de obtener el mineral principal y los asociados con prácticas subterráneas que respeten la superficie del terreno que lo cubre y sin derivar efectos contaminantes hacia los entornos habitados, o bajo producción agrícola y ganadera, debe garantizarse que no habría infiltraciones que conspiren contra otras riquezas del subsuelo como el agua asociada a ríos y pozos imprescindibles para múltiples fines provechosos. Con la verdad en mano se sabría qué hacer con el oro en uno u otro sentido.

Que el Estado duela a todos

De urgencia es erradicar de manera generalizada la errada suposición de que los bienes que llamamos públicos no tienen dueños.

Una invisibilidad o falsa ausencia de propietarios de las que se han valido destructivamente círculos políticos que logran con cierta regularidad tener la sartén por el mango.

Desde ellos ha existido poco interés de montar controles institucionalizados para efectiva protección de los patrimonios nacionales.

La consigna de hacerle fiesta a lo que nada nos cuesta ha presidido muchos actos de poder. Contratar y comprar para el Estado con movimientos bajo la mesa para el excesivo lucro particular.

Subirse sueldos inmoderadamente y crear cargos supernumerarios y una particular y costosa preferencia por los pasajes de primera y los hoteles más caros en el exterior. Abusos que contribuyeron a un enorme endeudamiento.