Los motivos para considerar inoportuno adentrarse en una reforma tributaria nunca han faltado porque, como reconoce el presidente Abinader, en este país se rehúye abordar el tema. Existe, decimos nosotros, un rechazo visceral a las acciones recaudadoras, por demás eludidas y evadidas cuando son lanzadas hacia potenciales contribuyentes, sobre todo cuando se trata de entes de ingresos altos, como razones sociales o individualidades. El ingreso más asegurado del fisco dominicano es el que proviene de gravar consumos, con efectos más gravosos sobre la masa ciudadana que comprende a toda la gente pobre y de clase media baja. Existe un comercio de exoneraciones para autos lujosos que fomenta el dispendio sin sacrifico de bolsillos a personajes privilegiados. Enllavados y sagaces, exitosos en fallarle al fisco.