22 de Enero.
Hijo de Dios para siempre
Recuerdo que mi papá asistió a todas las celebraciones de día del padre en mis escuelas. Estaba tan emocionado porque aunque habían muchísimas personas, sólo él era mi papá y yo su hijo.
Ahora, ya no lo celebramos de la misma forma, pero, eso no cambia el hecho de que él es mi padre.
El apóstol Pablo quería que los creyentes de la iglesia de Roma entendieran que su identidad consistía en haber sido adoptados en la familia de Dios.
Como habían nacido del Espíritu de Dios, eran personas nuevas, y ya nos vivían atrapados por sus errores y circunstancias del pasado. Al tener el Espíritu, eran herederos de Dios y coherederos con Jesús.
Para los que siguen a Jesús, ¿Qué diferencia les da esto?. Muy simple: ¡todo es diferente!.
Nuestra identidad como hijos de Dios nos proporciona un fundamento sólido y moldea la manera en que vemos el mundo y a nosotros mismos. Por ejemplo: saber que somos familia de Dios nos ayuda a dejar el conformismo para seguirlo a Él. También, nos enseña que no es necesario buscar la aprobación de los demás.
Somos hijos de Dios, podemos acudir a Él para recibir el amor que nuestros padres de sangre no nos han podido dar.