La cama vacía
Estaba ansioso por regresar al Dispensario Saint James, en Montego, Jamaica, y volver a ver a Rendell, quien dos años antes había conocido sobre el amor de Jesús por él. Evie, una adolescente del coro con el que yo viajaba todas las primaveras, le había explicado el evangelio, y él recibió a Cristo como su Salvador personal.
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