Recibir a los extranjeros
Cuando mis amigos vivieron en Moldavia, uno de los países más pobres de Europa, les sorprendió la cálida bienvenida que recibieron; en especial, de otros creyentes. Una vez, llevaron ropa y alimentos a una pareja muy pobre de la iglesia, pero que albergaban a varios niños. Allí los trataron como huéspedes de honor y les dieron de comer. Cuando se fueron, llevando frutas y vegetales de regalo, se maravillaron ante tanta hospitalidad.
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