Igual que nos paisanos, parientes y amigos de Jesús en Nazaret, podemos pasar de la aprobación de las palabras y obras de Jesús, a las dudas y acabar en la ira; depende de las "expectativas" que cada uno vaya construyendo en el imaginario de su fe respecto a lo que Jesús "debería" decir o hacer. Cuando nuestras expectativas no están en sintonía con el corazón de Jesús podemos dudar o, incluso, enojarnos con él. Pidamos que en nuestra mente y corazón estén presentes lo que Jesús quiere y hace y que sólo eso sea nuestra expectativa.