Dios no es como nosotros, que sufrimos el reproche de nuestros seres queridos, amigos, compañeros de trabajo cuando hacemos el mal, o que nos cuesta perdonar las ofensas de nuestros prójimos y a veces traemos arrastrando odios y rencores por años. Dios, en cambio, nos perdona, nos acoge en su regazo, se alegra cuando nos arranca del mal, que nos hace infelices. Jesús vino a este mundo a perdonarnos nuestros pecados y a salvarnos, para que seamos felices ya desde este mundo.