Jesús nos enseña a orar perseverantemente y sin cansarnos, como hizo la viuda que clamaba justicia; ella logró que un juez injusto le hiciera justicia, Dios es un Dios justo, fuente de justica. Con fe y con perseverancia clamemos al Señor y pidamos que seamos sensibles ante las necesidades de los pobres y nos convirtamos en agentes de justicia para ellos.