Sí, necesitamos que nuestra fe crezca; todos sentimos que nuestra fe tambalea, se hace chiquita, no resiste; Jesús no nos pide que nuestra fe sea del tamaño de una montaña, sino de un granito de mostaza; eso nos consuela y da ánimos. También es necesario que a nuestra fe esté unido nuestro trabajo, el cumplimiento de nuestras obligaciones. Sólo así tendremos una vida cristiana integral, armónica y equilibrada.