Un intercesor conoce personalmente a Dios y lo que Él ha dicho; y "negocia" con Él, dentro de los márgenes de ese conocimiento. Moisés salvó a Israel, al apelar a la reputación y al carácter de Dios, cuando estaba determinada la destrucción por causa de su rebeldía; y no pensó en su propia comodidad, en su reconocimiento, o en sus intereses personales, ante la propuesta divina. Tenemos un intercesor en los Cielos, superior a Moisés, que para nada pensó en él; y que no solo dio su vida, al hacer vallado en la cruz delante de Dios, para que no nos destruyera, sino que continúa dando su vida intercediendo por nosotros. Ezequiel 22:30; Hebreos 3:1-6, 7:25