La imagen que cada ser humano tiene es la imagen de Dios, por eso sus derechos son inalienables; la libertad de conciencia, de expresión y el derecho de propiedad, no le pueden ser arrebatados y no debieran ser entregados a ningún otro ser humano. El dominio que Dios le dio al hombre al principio fue sobre todo lo creado, menos sobre el hombre mismo, ese solo le pertenece a Dios.