Dar nos asemeja a Dios, quien es el dador por excelencia. _Él que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?_ Romanos 8:32. Por eso también la Escritura dice: _Más bienaventurado es dar que recibir_ Hechos 20:35. Al prescribir en el libro de Números capítulo 18 sobre el sostenimiento de quienes servían en el ministerio, a su vez estaba introduciendo en su pueblo el valor de la generosidad, que libra del control que ejerce el dinero.