El temor de Dios, además de ser el principio de la sabiduría, es sobre todo, aborrecer el mal. (Proverbios 8:13) Pero no puedo aborrecer en otros, el mismo mal que yo tolero en mí; esa es la doble moral de hoy, o la hipocresía de siempre. Para andar como conviene, el temor de Dios te debe marcar los límites por donde camines para que Dios te pueda bendecir.