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1P 2.6-8 PDT
Pues así también dice la Escritura: «Miren, pongo en Sion la piedra principal, elegido por su mucho valor. El que confíe en esa piedra, no será defraudado». Para ustedes los que creen, esa piedra les dará honra; pero en cuanto a los que no creen: «La piedra que los constructores rechazaron se ha convertido en la piedra principal». Para los que no creen, esa piedra también es: «Una piedra de tropiezo y roca de escándalo». Tropezaron porque no obedecieron el mensaje; eso es lo que Dios tenía planeado para ellos.
Una puerta en el cielo
El dilema no es creer si Dios existe, sino creer “en, a” Dios, pues los demonios creen y tiemblan, y en efecto no tienen parte están incapacitados para creer en Dios porque su confianza no está puesta en él (Stg 2.19 19 ¿Crees que hay un solo Dios? ¡Qué bien! Pero los demonios también creen que hay un solo Dios y tiemblan de miedo. ) Dios no puede engañar porque en él no hay engaño, así que no seremos defraudados (defraudar = engaño) al creer en el cimiento, en la base. Pablo sabía en quién había creído para su depósito y por ende su confianza estaba puesta en la piedra angular que es Cristo. La piedra principal (angular) es Cristo; es inamovible, eterna, sobre ella se fundamenta todo el edificio (iglesia), es piedra viva que da el crecimiento en cada parte del edificio, es la que une toda la estructura, es decir, la que da unidad a la infraestructura del edificio, es el fundamento sobre el que se construye. De antemano había sido elegido, por su valor inestimable. La paradoja es que vino a los suyos, pero no le recibieron, mas a los que creyeron se les dio el derecho de ser hijos, puesto que no lo eran; un nuevo status, hijos de Dios, se nos ha honrado con la adopción y se nos han dado unas arras mientras llega lo eterno. La Escritura habla estas cosas del grupo de los que han creído, luego, también hay un grupo que no cree al anuncio de Dios, no pueden entender porque el príncipe de este mundo le ha cegado su entendimiento para que no crean; esto les sucede puesto que decidieron no creer al mensaje, decidieron utilizar no la piedra viva y la cambiaron por su razonamiento errado. A toda honra es la máxima distinción por haber creído al mensaje; a toda honra, a la piedra principal, al que vive para siempre, al que está sentado a la diestra de Dios, al que está en el lugar de privilegio, al que tributamos alabanza y adoración cada día. Este es el lugar abierto desde el cielo para cimentar la unión en torno a él, para que crezca nuestra confianza, para impactar otras vidas y se les de el derecho para ser hijos de Dios.