Juan 11: 28-32
Después de decir esto, Marta se fue a llamar a su hermana María y le dijo en privado: —El maestro está aquí y te mandó llamar. Al oír esto, María se levantó rápidamente y fue a encontrarse con él. Jesús todavía no había entrado al pueblo. Estaba en el mismo lugar donde se había encontrado con Marta. Los judíos estaban consolando a María en la casa. La vieron ponerse de pie rápidamente e irse y pensaron que iba a llorar al sepulcro. Cuando María llegó a donde estaba Jesús, se postró a sus pies y le dijo: —Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
La paz y el gozo son imprescindibles en la vida del creyente; el Espíritu Santo está también sobre el creyente para sanar el quebrantamiento por la pérdida de un ser querido y para tener equilibrio en cualquier circunstancia de la vida.
Cosa tremenda Hará Dios con nosotros