El amor de Dios al servicio de la humanidad se manifiesta en cada iglesia local, tocando a todo el cuerpo de Cristo y transformando su alrededor; hemos sido llamados para esta tarea, descansando en la promesa de Fil 1-6.
Col 1.4 NTV
porque hemos oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todo el pueblo de Dios.
Pablo habla en esta oportunidad del amor de Dios que ha sido derramado en el corazón de cada creyente sin excepción por el Espíritu Santo que nos ha sido dado en el momento de la conversión. El hecho de creer en Cristo, genera entre otras cosas, una operación sobrenatural que se desarrolla en el pueblo de Dios a medida que la obra del mismo Espíritu a través de nuestro espíritu se lleva a cabo (Fil 1.6 “y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva); no importa el momento en que se hace parte del cuerpo de Cristo, el Señor hace la buena obra necesaria en cada miembro de la iglesia para que funcione de acuerdo al propósito con el que ha sido colocado. El fundamento establecido en un miembro, el amor de Dios, se vuelca hacia cada creyente de la iglesia local entretejiéndose en todos sus miembros, creciendo e inundando así toda la iglesia en oración, acción de gracias, dádivas, dones, servicio, etc. (1Co 13.1-7 superior a todos los idiomas del mundo y de los ángeles, a todo conocimiento, y a todo don, a todo sacrificio de mi parte; es paciente y bondadoso, no es celoso, ni fanfarrón, ni orgulloso, ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera, no se irrita ni lleva registro de ofensas recibidas, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra cuando la verdad triunfa. Nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanza y se mantiene firme en toda circunstancia.) Iglesia, en el cielo se ha abierto la puerta que nos permite mantener vivo este amor por el resto del cuerpo de Cristo.