Esd 8.30-34 DHH
30 Entonces los sacerdotes y los levitas recibieron la plata, el oro y los utensilios que habían sido pesados, y los llevaron a Jerusalén, al templo de nuestro Dios.31 El día doce del mes primero nos marchamos del río Ahavá para dirigirnos a Jerusalén. Nuestro Dios nos ayudó, librándonos de enemigos y de bandidos en el camino. 32 Cuando llegamos a Jerusalén, descansamos tres días. 33 Al cuarto día se pesó la plata, el oro y los utensilios en el templo de nuestro Dios, y se entregó todo al sacerdote Meremot, hijo de Urías. Con él estaban Eleazar, hijo de Finees, y los levitas Jozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuy. 34 Aquel mismo día se pesó y contó todo, y se tomó nota de la carga.
El llamamiento y los dones son irrevocables, estás aquí con un nombre propio para cumplir la misión que eres capaz de realizar, nada te falta, aunque sientas temor o desánimo en alguna oportunidad; todo lo que Dios te da debe salir para beneficio de la obra, no debes quedarte con nada.
Una puerta abierta en el cielo