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1 de Pedro 5: 6-7. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

El Apóstol Pedro nos enseña que debemos dejar la ansiedad y entregarla a Dios. Cuando decidimos cargar con la angustia, los problemas y las dificultades, caemos en orgullo, al considerar que podemos dar solución a cada situación difícil por medio de las capacidades personales. Por el contrario, al mirar a Dios y confiar en Él, estamos rindiendo el corazón y humillándonos ante su Presencia. Por esto el Apóstol destaca que debemos echar, toda la ansiedad en Dios, no una parte, sino despojarnos de todo porque Dios cuida de nosotros.

Mateo 6: 31-34 “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

El Salmo 23 dice: “Tú, Dios mío, eres mi pastor; contigo nada me falta. Me haces descansar en verdes pastos, y para calmar mi sed me llevas a tranquilas aguas. Me das nuevas fuerzas y me guías por el mejor camino, porque así eres tú. Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza. Aunque se enojen mis enemigos, tú me ofreces un banquete y me llenas de felicidad; ¡me das un trato especial! Estoy completamente seguro de que tu bondad y tu amor me acompañarán mientras yo viva, y de que para siempre viviré donde tú vives.”