“Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén. Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios.”
Era el mes séptimo, un tiempo especial para Israel, cuando se celebraban el Día de la Expiación, la Fiesta de las Trompetas y la Fiesta de los Tabernáculos. Hacía muchos años que el pueblo no se reunía en Jerusalén para celebrar. Aunque la ciudad estaba en ruinas y el templo también, el pueblo se unió en obediencia ante Dios como uno solo para adorarlo.
Hoy vamos a compartir las enseñanzas de este pasaje sobre la adoración en espíritu y verdad, la unidad y la reconstrucción del altar.