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Ha llegado el momento de que Dios juzgue a todos, y de que empiece a juzgar a su propio pueblo. Y si empieza por nosotros unos hace sufrir así, ! imagínense lo que les espera a los que no obedecen la palabra de Dios! Y si con dificultad se salvan los que hacen el bien, ! ya se pueden imaginar lo que les pasará a los malvados y a los pecadores! Por eso, los que sufren porque Dios así lo quiere, deben seguir haciendo el bien y dejar que Dios los cuide, pues él es su creador y cumple lo que promete.
En sus atributos de justicia y amor, Dios nos ha dado a su Hijo como única forma para restaurar nuestra comunión con él. Nuestras obras no alcanzan el estándar exigido en su Santidad; es el concurso divino el que nos acerca de nuevo a él; en Su Justicia debe juzgarnos, en Su amor, nos salva. El hombre decide si acepta su amor.
Una puerta abierta en el cielo