Colosenses 1:11-12.
“Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;”
Lucas 15: 1-7
Parábola de la oveja perdida
“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.”
En este pasaje encontramos dos aspectos muy importantes, el gozo que produce la gracia en los cielos y el gozo que produce la gracia en el hombre.
Hoy vamos a estar hablando del gozo en los cielos, la salvación de una sola vida produce fiesta en los cielos y la comparación es sorprendente, Dios puede recibir la oración y la gratitud de 99 justos, pero el gozo que ellos producen en él no se compara al que proviene por la salvación de una sola persona. Esto nos permite entender el valor que tiene una vida para Dios.