Tradicionalmente se ha pensado en el apóstol Pedro como el autor de la carta, redactada entre los años 65-68, posiblemente en Roma.; el remitente, se identifica como “siervo y apóstol de Jesucristo, se declara como testigo presencial de la transfiguración del Señor (1.16-18) y autor de una carta anterior; se presume que la carta va dirigida a un grupo de iglesias ya que no presenta destinatario específico. El Tema Central es una advertencia acerca de los falsos maestros y de los burladores. Para contrarrestar la influencia de las falsas doctrinas, se pone gran énfasis en la Palabra de Dios y la certeza del cumplimiento de las promesas divinas (1.19-21) “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Se puede establecer un paralelo entre 2Ti y 2P, ambos escritores predicen tiempos peligrosos para la iglesia:
a). El predominio de las enseñanzas falsas, 2Ti 3.13; 4.3; 2P 2.1
b). La corrupción general de la sociedad, 2Ti 3.1-7; 2P 2.10-22.
c). La apostasía venidera, 2Ti 4.3-4; 2P 2.2, 20-22.