1P 1. 13-14 PDT
Por eso, preparen su mente para servir. Con pleno dominio propio pongan toda su esperanza en el generoso amor que será de ustedes cuando Jesucristo venga. Antes, ustedes no entendían y por eso seguían sus malos deseos. Pero ahora, son hijos obedientes de Dios y no deben vivir como antes.
Una puerta abierta en el cielo
Luego de la conversión somos colocados en el cuerpo de Cristo, en un organismo vivo, y como miembros, con una función específica. La parte de nosotros que coordina y se acomoda en este nuevo orden es la mente, como tal, la Escritura toca esta verdad de la siguiente manera: (Ro 12.2 2 No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios transforme su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán entender y aceptar lo que Dios quiere y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.) El cambio de posición en el nuevo orden es espíritu, alma y cuerpo; de esta manera nuestra mente restaurada puede aceptar verdades del Espíritu de Dios percibidas por nuestro espíritu, esto es, somos receptores de la voluntad de Dios y ahora sí podemos comprobar a partir de que tenemos la mente de Cristo, comprobar cómo es Su voluntad (buena, agradable, perfecta), acomodando lo espiritual a lo espiritual; cabe mencionar también, que esta mente transformada es susceptible y acepta lo que antes no podía dirimir en su percepción puramente humana, nos encontrábamos estacionados en satisfacer los malos deseos de una naturaleza caída; ahora con la naturaleza y mente de Cristo estamos preparados para servir al Señor nuestro, teniendo dominio propio que nos ha sido dado juntamente con el amor de Dios y el poder hacer las cosas según Dios y no según mis propios criterios. Ahora podemos vivir como hijos de Dios. Hay una puerta del cielo, abierta en este lugar para que muchos otros puedan degustar este nuevo estilo de vida agradable a Dios.