Pr 8. 32-34 PDT
»Ahora, hijos, escúchenme: afortunados los que siguen mis caminos. Escuchen mi enseñanza y sean sabios; no le resten importancia. Afortunado el que me escucha, el que se presenta a mi puerta diariamente, esperando a la entrada de mi habitación.
Una puerta abierta en el cielo