Esta metáfora representa la situación clásica en la que nosotros mismo nos encontramos durante toda la vida,
Hay muchos botes vacíos por ahí y nosotros siempre estamos gritándoles,
agitando los brazos contra ellos y mostrándole nuestros puños. Pero en lugar de eso podríamos emplear estas “embarcaciones” que se dirigen hacia nosotros para detener nuestra mente. Incluso si tan sólo la detenemos por una milésima de segundo,podemos descansar en ese diminuto paréntesis.
Cuando veamos que nuestra historia personal vuelve a activarse podemos llevar a cabo la práctica de ponernos en el lugar de los demás de intercambiarnos con los otros. De este modo todo aquello con lo que nos encontremos tiene el potencial de ayudarnos a cultivar la compasión y reconectarnos con ese aspecto de amplitud y espaciosidadde nuestra mente.