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Señora, dicen que vosotras las mujeres pueden censurar a un hombre, con sólo verle los ojos, que pueden juzgarlo sólo por una respuesta, y que pueden condenarlo por una primera impresión. Sin embargo, muchas veces la influencia de terceras personas alimenta ese prejuzgamiento, la amiga que nunca falta puede inclinar la balanza, y diré por esa suerte de experiencia vivida, que nunca será a favor de nosotros los hombres. ¡Que pase el maldito!