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En su reposo. 07/03/2023. T24. E87.

"Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios".

Sal. 87:3

Cosas gloriosas

Es evidente que el autor del salmo está influenciado por su nacionalismo. Su amor a la patria y la ciudad de Jerusalén, capital de la nación.

Pero mal haríamos si solo percibimos la naturaleza humana y no recordamos la divina inspiración de la Biblia, que nos permite descubrir motivos celestiales para los textos sagrados.

En otras palabras, el autor tiene claro su amor por la ciudad, pero también sabe que lo que hace especial a esta ciudad no es solo la historia y valor de ella para Israel, sino el plan profético, espiritual y eterno de Dios para con el mundo, el cual incluye de manera clara y constante a esta ciudad especial.

Entre sus muchos calificativos, ciudad de Dios, es quizá el más significativo, pues revela que por encima de sus fundadores, de su conquistador, el rey David, de Salomón, quien la embelleció, y de todos los que hicieron la historia de Israel en sus calles y palacios, está la visión de Dios.

Es Dios quien escoge la ciudad, es Dios quien la engrandece con su presencia y maravillas hechas en sus contornos; es la ciudad de Dios, pues finalmente, es él quien recorrió sus calles, hizo maravillas en sus esquinas, murió, resucitó y ascendió en sus alrededores, y volverá a ella para gobernar al mundo.

Cosas gloriosas se dijeron antes, y cosas gloriosas se han dicho después de que el Dios hombre pisara aquella hermosa ciudad.

Tan importante es la ciudad, que al final de los tiempos, cuando este mundo haya pasado, el único recordatorio de esta tierra y de este cielo será la nueva ciudad que llevará su nombre incluido: La Nueva Jerusalén.

Y pensar que todas esas glorias de Jerusalén son nada comparadas con lo que Dios ha hecho en cada hombre y mujer que le ha abierto sus puertas.

Si tantas maravillas y cosas hermosas se dicen de la Santa Ciudad, ¿se podrá decir que ocurren cosas gloriosas entre los hijos de Dios hoy en día?

Dios nos escogió, nos limpió y nos perdonó; y cosas maravillosas se pueden decir de lo que ha hecho en, por, con y a través de su iglesia.

Y así como aun hay muchas maravillas que han de ocurrir en la bella ciudad de Jerusalén, sin duda Dios todavía quiere y puede hacer maravillas en la vida de su pueblo en los años por venir.

Honramos los planes de Dios para Jerusalén, y oramos para que Dios bendiga a Israel, al tiempo que confiamos que la poderosa mano de Dios se ha de mover también a favor de aquellos que hoy le adoran de palabra y acción.

Que se sigan diciendo de la iglesia cosas gloriosas, cosas que exalten el precioso nombre de Jesús.

Isaí Rodríguez Ruiz