En su reposo. 24/08/2022. T20. E13.
“Y que para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien”.
Nehemías 13:31
Acuérdate de mí
Este último capítulo de Nehemías resume una serie de acciones del gobernador de Judá a favor del orden dentro de la nación.
Un orden sujeto a la ley de Moisés, corrigiendo lo deficiente y encausando correctamente la vida moral, espiritual y ministerial del pueblo.
Es en ese contexto que Nehemías expresa por lo menos en tres ocasiones la frase: “acuérdate de mi”. Aunque hay una cuarta ocasión en que usa la idea pero dice: “acuérdate de ellos”.
La expresión parece irónica, ya que es bastante obvio que Dios es capaz de acordarse de todas las cosas, pues él solo sabe todo.
Pero el espíritu de la expresión está en la forma que Nehemías intenta argumentar a su favor ante Dios.
“Acuérdate” es una petición que reconoce la autoridad de Dios.
Es Dios quien tiene la última palabra respecto a nuestras vidas y nada escapa de su autoridad. En pedirle que se acuerde está implícita la idea de que somos nosotros quienes no debemos olvidar que él sigue sentado en su trono.
“Acuérdate” es una petición que reconoce la necesidad que tenemos de la misericordia de Dios.
Pedirle a Dios que se acuerde muestra el deseo de solicitar a Dios misericordia en base a las buenas obras realizadas.
Aunque mucho se discute el valor de las buenas obras, en este pasaje es posible observar que desde la perspectiva humana siempre creeremos que son útiles para alcanzar el perdón.
Pero Nehemías no exige. Ruega. Y esa es la gran diferencia en el lugar que las obras deben tener.
En otras palabras, “acuérdate” es una expresión que reconoce el valor inferior de las obras por debajo de la misericordia divina.
Por muy grandes y loables que sean las obras, lo único que pueden hacer por nosotros es hacernos visibles ante la soberanía, justicia y santidad de Dios.
Al final, siempre ha sido y será la misericordia de Dios la que otorga perdón al pecador.
Entonces, es importante que honremos a Dios con nuestros actos, es necesario que nuestras obras sean dignas, pero sin olvidar que dependemos totalmente de su piedad y gracia a nuestro favor.
Y es que, por muy buenas que sean nuestras obras, jamás alcanzarán a satisfacer la justicia divina; es por eso que, una vez más, la expresión “acuérdate” reconoce de manera implícita esta verdad.
Es Dios quien perdona, es Dios quien tiene misericordia, es Dios quien puede librarnos del mal.
Que mientras vivimos honrándolo en cada uno de nuestros actos, humillemos nuestros corazón ante su soberana majestad clamando por misericordia cuál Nehemías: “Señor, acuérdate de tus siervos para bien”.
Isaí Rodriguez Ruiz