En su reposo. 28/04/2023. T24. E132.
"Acuérdate, oh Jehová, de David, y de toda su aflicción".
Sal. 132:1
Acuérdate
El salmo recuerda las mutuas promesas que se hicieron David y Dios.
Pero inicia apelando a la memoria de Dios para que recuerde la promesa de David.
El rey prometió construir un templo para Dios, y aunque el Señor no se lo permitió, sí valoró el corazón de su siervo que anhelaba tener un lugar donde Dios pudiese manifestar su gloriosa presencia delante de su pueblo.
Por lo tanto, lo que Dios aprecia de la promesa de David no es la construcción del templo, pues técnicamente él no cumplió, pero Dios disfruta su pasión, el deseo de honrarlo y proveer un lugar al que el pueblo pudiese venir a buscar a su Dios.
En parte es esta actitud de David lo que convenció a Dios de ofrecer su promesa al hijo de Isaí.
Cuando aquel templo se hizo realidad, en la siguiente generación, la promesa divina se ratificó, y es a esta palabra del cielo a la que apela el salmista ahora.
"Señor, recuerda a David y su corazón, recuerda tu promesa y cumple la palabra que le diste al dulce cantor de Israel".
Quién nos diera tener un corazón como el de David.
Dios se agradaría de nosotros y ratificaría su voluntad de bendecirnos.
Nunca se ha tratado de ser perfectos, ni siquiera de hacer realidad aquello que anhelamos en el corazón; pues, como David, fallaremos constantemente, y en ocasiones por mucho que nos esforcemos no lograremos hacer realidad todo lo que nos propongamos.
Se trata de tener un corazón que anhele agradarlo antes que ninguna otra cosa en la tierra.
Y entonces, sus promesas, fieles y verdaderas, poderosas, perfectas, se derramarán abundantes, copiosas, oportunas.
Y luego, disfrutaremos, nos gozaremos y cantaremos llenos de dicha la bondad del Todopoderoso.
Isaí Rodríguez Ruiz