Listen

Description

En su reposo. 31/12/2021. T11. E13.
“Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?”.
‭‭Jueces‬ ‭13:18‬

Admirable

La palabra admirable en este pasaje no está diciendo el nombre del Ángel de Jehová, sino describiendo la naturaleza gloriosa de su nombre.

En términos gramaticales, la palabra es un adjetivo calificativo, no un sustantivo.

Sin embargo, esta descripción es más que suficiente para revelarnos la grandeza del personaje que apareció a Manoa y su mujer.

El ángel no se presenta como Dios, pero el mismo capítulo nos lleva a entender que es algo y alguien más que solo un ángel mensajero.

El ángel no revela su nombre, pero con esta expresión sí muestra la grandeza que se esconde tras su apariencia y mensaje.

Mi nombre, dice aquel ángel, es glorioso y sublime, tanto que tú no podrás entenderlo en este momento.

Esto, más la señal que realizó el ángel ante los ojos de Manoa y su esposa, primero al aceptar la ofrenda que le ofrecen y segundo, al subir al cielo sobre la llama del fuego del holocausto, dejaron la convicción absoluta de su divinidad.

Entonces este Ángel no es otra cosa más que Dios mismo. Esto nos lleva a por lo menos tres reflexiones sobre el pasaje.

El solo nombre de Dios causa admiración.
Hay poder en el nombre de Dios. No un poder mágico ni místico, pero sí un poder que trae seguridad y esperanza.

El nombre de Dios ha de provocar en nosotros fe en su persona, sus promesas y su fidelidad, pues si tan solo su nombre es admirable, él es mucho más grande de lo que podemos imaginar.

El nombre de Dios revela su grandeza y su gloria.
El calificativo admirable significa: algo digno de admirar. En este caso revela que al conocer a Dios podemos identificar aquellas cosas que lo hacen especial, único y maravilloso.

Dios, tan solo desde su nombre ya nos muestra que no hay nadie más como él en todo el universo, y eso es motivo suficiente para admirarlo.

El nombre de Dios nos debe provocar a la adoración.
Aun cuando Manoa y su mujer no entendían del todo lo que ocurría, e influenciados por su contexto idólatra pensaban en adorar al ángel, al final no se equivocaron, pues este ángel es Dios mismo y merece la adoración que se le brinde.

Esta historia es apenas un atisbo pequeño de lo que ahora conocemos como la doctrina de la Trinidad de Dios. Un Dios en tres personas que en historias como esta se va mostrando a su pueblo.

Sería siglos después que el profeta Isaías usaría este término, admirable, ya no como calificativo, sino como sustantivo, convirtiéndolo ahora sí en un nombre de Dios, pero refiriéndose precisamente al Mesías, al Hijo de Dios, a Jesús (Is. 9:6).

A este Jesús, Dios mismo, adoramos hoy, y rendimos nuestro corazón en agradecimiento por toda su fidelidad y amor para con nosotros.

Que nuestro corazón se llene de dicha por los bienes recibidos, por la fidelidad y las promesas cumplidas, y que al saber ahora su nombre, le adoremos a plenitud, expresando así la gratitud de nuestros corazones.

Sea su nombre bendito por los siglos de los siglos.

Isaí Rodríguez Ruiz