Listen

Description

En su reposo. 09/03/2022. T14. E15.
“Cuando David llegó a la cumbre del monte para adorar allí a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro, rasgados sus vestidos, y tierra sobre su cabeza”.
‭‭2 Samuel‬ ‭15:32‬

Adoración

La adoración a Dios siempre ha sido una prioridad para aquel que tiene una íntima comunión con el Señor.

David había sido traicionado por su propio hijo, aquel a quien no condenó por asesinar a su primogénito y heredero.

Cuando se dio cuenta de la conspiración era demasiado tarde para detenerla sin derramar sangre, y ese fue el motivo que lo llevó a escapar de la ciudad.

La tristeza de David era una mezcla de sentimientos encontrados. Por una parte su descuido como padre, la traición de Absalón, la traición de su pueblo, la traición de algunos consejeros, el abandonar la ciudad, dejar el arca del pacto, dejar amigos y familia en riesgo.

Tantas cosas estaban sin duda en su mente.

Cómo enfrentar la situación, quiénes lo apoyarían, dónde sería la batalla decisiva, volvería a Jerusalén o no, qué haría con su hijo si ganaba esta batalla.

Pero nada de esta tormenta de pensamientos le impidió mantener su comunión con Dios.

Subió el monte descalzo, cubierto el rostro, cabizbajo, deprimido, angustiado; y con todo, no se olvidó de adorar a Dios.

La expresión del versículo sugiere que subió ese monte con la clara intención de adorar ahí a Dios. Es decir, que pudo haber tomado otro camino para escapar de su hijo, pero no lo hizo.

En su huida tomó el tiempo necesario para ir al monte a adorar a Dios.

¿Cuántos de nosotros podríamos hacer lo mismo?

Que en medio de nuestro dolor o angustia seamos capaces de ir conscientemente en búsqueda de Dios y no solo presentarle nuestra queja o preocupación sino simplemente llegar para adorarlo.

Que subamos al monte y que lo adoremos aún con el corazón quebrantado.

Que reconozcamos su soberanía y control sobre todas las cosas; aun cuando todas las cosas parezcan están en nuestra contra.

Que le expresemos nuestra absoluta dependencia de su voluntad conscientes de que sus propósitos siempre serán mejores que nuestros deseos.

Que en el momento de mayor agonía, y sin esperanza alguna de superar la adversidad, aún seamos capaces de adorarlo porque él sigue siendo Dios.

Isaí Rodríguez Ruiz