En su reposo. 14/04/2022. T15. E22.
“Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.”
1 Reyes 22:28
Advertencia profética
Cuatrocientos profetas declaraban exactamente la misma palabra profética al rey de Israel.
¿No es esa razón suficiente para creer que realmente era palabra de Dios lo que decían?
Habrá que aprender la lección. No siempre el hecho de que se nos diga la misma palabra profética es garantía de que esa sea la verdad.
En este caso, el rey de Judá percibe la coincidencia como “sospechosa”, y bien haríamos en no confiar demasiado en aquellas palabras que nos hablan siempre cosas para bien.
Incluso, uno de ellos, conforme a la costumbre ya desarrollada desde entonces, mostraba su profecía con unos cuernos, dándole mayor emotividad y sensacionalismo a su declaración.
Qué pena que esta manipulación emocional siga siendo un instrumento tan efectivo para controlar a quienes les falta discernimiento sobre los supuestos mensajes de Dios.
En este caso, por lo menos Dios había enviado aquel espíritu de mentira para cumplir su juicio sobre Acab, pero hoy en día, cientos de personas son engañadas por pseudo profetas, pseudo apóstoles, pseudo pastores que solo engañan al pueblo hablando únicamente cosas buenas a sus oídos.
Miles de años después, la última palabra de Micaías aún debería retumbar en los oídos de todos los pueblos del mundo; de todos los hijos de Dios en la tierra, de todos aquellos que desean conocer la voluntad de Dios para sus vidas y que están dispuestos a confiar en un ministro del evangelio.
No confíes en la supuesta palabra profética que solo sabe hablar de bien.
Toda verdadera palabra profética debe llevar a sus receptores a una exhortación, un llamado a la santidad y a la consagración a Dios.
Pero lo más importante, toda palabra profética, si es de Dios, ha de cumplirse.
Micaías lo sabe y no teme enfrentar el rechazo de Acab, ni la cárcel, ni la angustia del pan y el agua como su único alimento.
Es él y no una tercera persona, quien declara la sentencia sobre su profecía.
La palabra profética que viene de Dios se ha de cumplir sin excusas ni pretextos.
Y si no es así, entonces igualmente, sin excusa alguna, podemos afirmar que Dios no ha hablado por la boca de aquel pseudo profeta.
Ni siquiera deberíamos considerar la posibilidad de volver a confiar en aquel cuya palabra profética no se ha cumplido.
No importa qué tan buena sea la profecía, qué tan emotivamente la presente, qué tan llamativas sean las herramientas que utiliza para exponer esta palabra, si lo que dijo no se cumplió, ha sido un espíritu de mentira quien lo ha seducido. Dios no habló por medio de él. Es un falso profeta y como tal debe ser tratado.
Acab no volvió en paz, los cuatrocientos profetas avergonzados, los cuernos de Sedequías hijo de Quenaana, se convirtieron en símbolo de su mentira, y la palabra de Micaías se levantó como la voz de Dios confirmada por los hechos.
Dios nos ayude con discernimiento y con madurez espiritual para rechazar todo mensaje auto compasivo, emocional y manipulador; volviendo nuestros corazones a la autoridad profética de la Biblia y a la comunión íntima de su Santo Espíritu como nuestros recursos más seguros para conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas.
Isaí Rodríguez Ruiz