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En su reposo. 07/10/2022. T22. E28.

"... de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento".

Hechos 28:15

Alentando al líder

La odisea llegó a su fin.

Un encarcelamiento de dos años en Cesarea y un viaje lleno de desventuras, entre ellas, un naufragio, ven su final cuando Pablo se encuentra a unos pocos kilómetros de Roma.

El desgaste, físico, emocional e incluso espiritual, había sido enorme, aún para este gigante del evangelio.

Al caminar lentamente por la vía romana, mira a los lejos su siguiente y última parada antes de llegar a la capital del imperio; el Foro de Apio, y ahí, esperando con amor, cariño y un corazón afable, le esperan los brazos abiertos de la iglesia en Roma.

No los conoce, nunca ha estado con ellos, nunca los ha visitado. A duras penas les envió una carta, quizá la más profunda y doctrinal de sus cartas como aportación de su ministerio a aquella iglesia.

Pero su escasa aportación ministerial no es motivo para detener a los hermanos en la fe.

Le esperan, y le esperan con los brazos abiertos. Caminaron igual que él para recibirle y acompañarle en el último tramo de su épico viaje.

¡Cuánto gozo debió sentir Pablo al alzar su mirada y verles en la orilla del camino!

La iglesia siendo iglesia; llenando de amor a aquel que ha dado su vida por la predicación del evangelio.

Este simple acto de fraternidad animó el corazón de Pablo más que cualquier otra cosa en aquel momento de fatiga.

Y es que, para el ministerio, para los líderes que viven por y para Cristo y su iglesia, no hay  nada más gratificante que el abrazo sincero del pueblo a quienes se han entregado en servicio desinteresado.

Lucas, el historiador, fue testigo de todo el pesar que vivió Pablo en ese viaje, y es sin duda él mismo quien miró el rostro de aquel apóstol encadenado al darse cuenta que la iglesia había salido a recibirle.

Y nos dice el escritor sagrado: "y cobró aliento", como diciendo que aunque no lo dijera, que incluso aunque no lo quisiera reconocer ante los demás, Pablo necesitaba ese empujón anímico, ese momento emocional que fortaleciera su espíritu.

Como cualquier siervo de Dios que hoy en día, desconocemos que eventos desafortunados tiene que enfrentar, cuantos naufragios emocionales o hasta espirituales ha tenido que soportar; y que, como cualquiera de nosotros, requiere un abrazo, un afecto, un gesto de amor fraterno que le ayude a "cobrar aliento"

Seamos esa iglesia, que como la de Roma, salgamos al encuentro de quienes nos bendicen con su servicio y prodiguémosles el afecto de nuestros corazones, orando con y por ellos para que la gracia del Señor les aliente y fortalezca en el cumplimiento de sus ministerios.

Isaí Rodríguez Ruiz