En su reposo. 09/04/2022. T15. E18.
“Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado”.
1 Reyes 18:30
Altar arruinado
La indiferencia del pueblo de Israel ante el reto presentado por Elias es una dura señal de la condición espiritual de la nación.
Indecisos, no saben qué creer, y mucho menos qué hacer ante la exhortación del profeta.
No pueden escoger, porque han arraigado su corazón en la idolatría, han contaminado su alma con el afecto por los dioses falsos y ya no distinguen la verdad de la fantasía religiosa en la que se han hundido.
La veracidad de esta declaración está justo frente a sus ojos. Ahí, en aquel monte, los pies del siervo de Dios se dirigen hacia un pequeño montículo abandonado. El altar de Jehová.
Con actitud devota y corazón ferviente, Elías observa lo que en algún tiempo pudo ser un altar a Jehová, pero que había quedado olvidado por causa de la idolatría pagana que había carcomido el alma de los israelitas.
“Arruinado”, esa es la palabra que ocupa el escritor sagrado para señalar la condición de aquel altar, y aún retumba en nuestros tiempos su poderoso efecto sobre el mundo contemporáneo.
Arruinado. Tal cual está el corazón del hombre, y sus valores.
Arruinada la seguridad, arruinada la estabilidad, arruinado el matrimonio y la familia. Arruinada la juventud, la niñez y la vejez.
Arruinada la comunión con Dios y todas las maravillas que trae consigo.
Arruinada por culpa de la maldad del hombre que voluntariamente ha dado la espalda a Dios y se ha creado sus propios dioses a quienes adorar.
Aquel altar arruinado era el fiel testigo del abandono en que la nación tenía a Dios, y era sin duda el motivo de su indecisión, de su indiferencia y de su oscura maldad.
Con paciencia y decisión, Elías tomó el tiempo necesario para restaurarlo. Colocó las piedras, lo volvió funcional. Colocó la madera, el sacrificio y el agua.
Tal es el reto de aquel que desea ver la bendición de Jehová sobre su vida y familia.
Restaurar lo arruinado. Volver el corazón a Dios, alejando nuestro espíritu de la indecisión e indiferencia, y permitiendo que su presencia consuma todo aquello que su santidad no permite en nuestra vida.
Así seremos su pueblo, su iglesia, su cuerpo; y él traerá gozo y paz al corazón de la nación, de la familia, de quienes nos rodean.
El Señor nos ayude en todo momento.
Isaí Rodríguez Ruiz